Capítulo Tres
El incidente del zapato
Era martes, día que Bobo había decidido que no significaba nada. El zapato izquierdo —el bueno, el de las bodas— ya estaba en tres pedazos cuando alguien reparó en el silencio; y el silencio, en una casa con Bobo, nunca era inocente.
No echó a correr al verse descubierto. Se sentó. Levantó la vista con esa expresión particular de quien ha meditado el asunto y ha concluido que, bien mirado, el zapato se lo había buscado. Y, no sabes cómo —ese era el problema con él—, te reíste antes de poder evitarlo.
Compuesto a partir de cuatro mensajes y una nota de voz, octubre.



